El Cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo (Jn 1:29); Él abolió el pecado por Su único sacrificio (He 9:26); Su sangre nos purifica de todo pecado (1 Jn 1:7). La Cena es la señal del pacto para remisión de pecados (Mt 26:28). Todo aquel que cree en Cristo, recibe
recibe por su nombre la remisión de los pecados (Hc h 10:43). Siendo que Dios nos ha dado su Hijo, Dios no nos trata ya más según nuestros pecados (Sal 103:10, 12); los ha arrojado al fondo del mar (Mi 7:19). Ya no existen más delante de Él (Jer 50:20) La misericordia de Dios demanda toda nuestra alabanza.
Ceguera Jn 9:41;
2 Co 4:3,4
Servidumbre Jn 8:34
Irreconciliable 1 Ti 3:17
Muerte Ro 6:23
Entre los irredentos
página 5